10 abr. 2016

LA CUENTOTERAPIA

EL ARTE DE SANAR A TRAVÉS DE LOS CUENTOS

Dice Horst  Kornberger en su libro El poder de las historias: “Hay realidades que no podemos enfrentar  de una manera  consciente porque nos sobrepasan. Pero eso que nos preocupa y que no queremos enfrentar podemos trasladarlo a un terreno ficticio y ahí procesarlo. Ese lugar son los cuentos. Ahí las brujas, dragones y seres malvados tienen su hábitat y no son amenazantes. Ahí ellos cumplen con una función vital en nosotros: recordarnos que al final de todo, incluso en los cuentos más terribles, la felicidad es posible”

Desde un cuento podemos atrevernos a luchar con dragones y enfrentarnos a seres malvados, a correr innumerables peligros y a inventar todo tipo de argucias para conseguir el tesoro… Por muy pequeños que nos sintamos, sabemos que al igual que le ocurre al protagonista, si nos mantenemos firmes a pesar de nuestros miedos y seguimos adelante, al final, todo saldrá bien.

Cuando leemos un cuento, se crea un vínculo muy especial entre quién lo cuenta y quién lo escucha. Nos sentimos vistos; la persona que cuenta el cuento habla especialmente para nosotros; el niño siente que lo que le sucede al personaje del cuento es lo mismo que le ocurre a él y confía en que también él encontrará la forma de solucionar sus problemas.

Independientemente de la edad que tenga el escuchante, su niño interior despliega toda su atención en el momento en que se pronuncian las palabras “Érase una vez…” El inconsciente de ese niño sabe que ha entrado en un terreno mágico-simbólico en el que nada es lo que parece y en el que todo puede suceder. Una especie de burbuja protectora nos envuelve y el mundo exterior deja paso a un mundo mágico de finales felices.

Un cuento permite a quien lo escucha llegar hasta dónde quiere y puede. A veces, el mensaje de un cuento parece muy claro y sin embargo, si la persona no está preparada para recibirlo, no se dará ni cuenta y lo escuchará como cualquier otra historia. También es posible que este mensaje se quede agazapado en algún lugar de nuestro inconsciente esperando la ocasión apropiada para asomar.

Puede suceder que pasemos por una tienda o biblioteca y encontremos  un cuento, lectura, película, etc que nos llama  la atención. Lo compramos y al llegar a casa lo dejamos en la estantería. Allí puede dormir durante días, meses o incluso años. Un día, sin saber por qué, lo buscamos o lo encontramos por ¿casualidad? y descubrimos ahí la clave  para dar el siguiente paso en nuestro camino, o la luz que nos ayuda a iluminarlo.

 Otras veces, el mensaje se encuentra oculto entre las páginas del cuento y nuestro inconsciente necesita interpretarlo como si fuesen las pistas que esconde el mapa del tesoro; es decir, cuando descubro una estoy más cerca de la otra. Pero si el cuento y el momento son los adecuados, saltará a nuestros ojos con rapidez y nos hará sentir de forma reveladora.  “Eso me pasa a mi”

Los cuentos han sido utilizados desde hace miles de años para transmitir a las generaciones futuras mensajes necesarios de supervivencia. Encontramos en ellos la manera de enfrentarnos a los miedos, a la envidia, a la carencia, a la vejez y la muerte…Nos ayudan a ser autónomos y a superar la sensación de abandono; nos enseñan a colaborar con otras personas, a pedir y ofrecer ayuda, a confiar en el instinto, a luchar por ser reyes de nuestro propio reino (el reino interior) y dictar las normas y leyes que lo rijan  y a encontrar un “príncipe o princesa”; es decir, un igual con quien podremos compartir nuestro reino y abandonar el de nuestros padres, convirtiéndonos así en personas autónomas, capaz de regirse por sus propios valores.

Es interesante observar qué cuento nos han contado de pequeños o cual de todos los que nos contaron es el que todavía recuerdo en estos días. Darnos cuenta de quién era la persona que nos contaba este cuento, relato, poesía, canción o cualquier otro mensaje que nos haya calado y ver que sentíamos hacia esa persona; es decir, si el mensaje nos llegó desde el amor, la admiración y el afecto o desde la imposición.

Si tenemos hijos, alumnos, sobrinos o cualquier niño a nuestro cargo, podemos fijarnos en qué es lo que les contamos a ellos. Comparando uno y otro obtendremos una valiosa información de los valores con los que me nutrieron y de aquellos que son importantes para mi y deseo transmitir.


Y no olvidemos que nada de esto es inamovible. Nosotros tenemos el poder de cambiar el final del cuento.

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 Ana Isabel García Capapey. Noviembre de 2014

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