28 jun. 2014

Una mirada a la capacidad para favorecer el desarrollo psicomotor del niño

Nuestro hijo nació afectado por una Secuencia Pierre Robin que comprometía la vía respiratoria y requirió intubación e ingreso en la UCI Neonatal el día de su nacimiento. Permaneció sedado durante dos semanas y durante aproximadamente tres meses tuvo muy limitada su movilidad. En ese periodo recibió la mejor atención imaginable por parte del competente equipo de profesionales de la UCI Neonatal del Hospital Infantil y de la fisioterapeuta. Sentimos un profundo agradecimiento hacia todos los médicos, enfermeros, fisioterapeutas, auxiliares, y a todo el personal sanitario que curó y atendió con rigor y cariño a nuestro pequeño durante sus primeros meses de vida.

Cuando recibimos el alta hospitalaria, éramos conscientes de que sufría un considerable retraso en su desarrollo psicomotor y nos angustiaban las consecuencias que pudiera tener el periodo sin asistencia ni seguimiento debido a las listas de espera en el área de Fisioterapia del hospital Miguel Servet y en el servicio de Atención Temprana del Instituto de Asuntos Sociales.

Entonces conocimos la existencia de la asociación “La mirada de Lluna”, que ofrece asesoramiento y ayuda para el intervalo hasta ser citados por los servicios públicos. Nuestra experiencia con la asociación está siendo inmejorable. La terapeuta pediátrica que nos acompaña en este periodo, Laura Pueyo, nos ha preparado para rehabilitar a nuestro hijo en casa, mediante masajes, ejercicios que fortalecen su musculatura y juegos que estimulan sus sentidos.

 Desde el primer momento nos llamó la atención la capacidad de Laura para interpretar las necesidades y emociones del niño, y a través de sus enseñanzas hemos aprendido a comprenderlo mejor nosotros mismos. Para nosotros ha supuesto un gran alivio disponer de alguien a quien preguntar nuestras dudas y comunicar nuestras inquietudes. Nos hemos sentido muy respaldados gracias a las evaluaciones semanales que ha realizado de los avances. Al poner en práctica todos los consejos y ejercicios propuestos por la terapeuta, hemos conseguido en breve tiempo progresos claramente visibles.

Sabemos que los primeros seis meses son cruciales en el desarrollo infantil, así que estamos muy agradecidos por todo el apoyo que nos proporciona “La mirada de Lluna”, evitando el agravamiento de los problemas que presentaba nuestro hijo al salir del hospital y ayudando a iniciar el camino de la mejoría.

Padres acompañados por la asociación “La mirada de Lluna”


Las rabietas, una parte en el camino del desarrollo normal

Como nos cuenta Rosa Jové, en su libro “Todo es posible”, a partir de los dos años hay un cambio cualitativo en el cerebro del niño. Si hasta ese momento sus estructuras inferiores eran las que dirigían su forma de actuar y reaccionar, ahora van adquiriendo un papel decisivo sus estructuras superiores (córtex).Así pues, el niño entre dos y cuatro años muestra un despliegue de las funciones corticales como son el lenguaje, el razonamiento y la memoria. En esta etapa el niño es, o intenta ser, independiente, se mostrará transgresor y temperamental.
Así, hacia los dos años, momento en que aparece el lenguaje y el razonamiento, el niño comienza a tener ideas propias, a saber que es un sujeto diferente del resto. A partir de aquí, puede que nuestro hijo entienda nuestros razonamientos, y problema resuelto, o que no los comprenda y estalle en una rabieta.
Una rabieta no es nada más que una idea (o deseo) propia de un niño enfrentada a la idea (o deseo) que tiene el cuidador sobre como hay que hacer algo. Y el niño, como no entiende lo que pasa, se ofusca y estalla emocionalmente.
En las rabietas se produce a menudo “el secuestro amigdalar” (la amígdala se apodera del control de todo y estalla emocionalmente de forma llamativa). Hay que actuar deprisa y no dejar de atender al menor, ya que la progresión y el resultado serían peor. Es recomendable demostrar “sintonía afectiva” con él, para por un lado transmitirle modelos de empatía y por el otro, evitar que tenga la sensación de que sus ideas son siempre mal recibidas, y por tanto, negativas.
Para tratar las rabietas, Rosa Jové, nos propone la técnica de los tres pasos:
Comprensión, lo primero que hacemos es mostrar al niño que lo entendemos y que comprendemos su reacción. Se trata de evitar que se active toda la respuesta, de llegar al “bloqueo”.
Educación, mediante una o dos frases sencillas explicamos el porqué de nuestra posición.
Elección, le damos a elegir entre dos opciones definidas (si es muy pequeño) o entre varias e incluso las que proponga él conforme es mayor. Queremos que se convierta en un adulto que sepa tomar decisiones fundamentadas y, que la razón y la emoción, puedan vivir en armonía.


Laura Pueyo (Fuente bibliográfica “Todo es posible”, autora Rosa Jové)

10 jun. 2014

Estimular en casa… pero ¿cómo?

Al poco de nacer nuestra hija, comenzamos a observar que había algo diferente en ella. Ni siquiera sabíamos muy bien el qué. Lo veíamos en la niña y en la mirada de los médicos que nos atendían. Su desarrollo no era como el del resto de bebés.

Fueron unos meses duros. Queríamos ayudar a nuestra hija pero no sabíamos cómo. Los médicos insistían en la importancia de la atención temprana, pero hasta que ésta comenzara, teníamos que estimularla en casa.

Estimularla en casa… pero ¿cómo? ¿en qué momentos y de qué manera?  Estimular a un bebé puede parecer algo sencillo, pero cuando el bebé tiene alguna dificultad, la cosa se complica. Nos sentíamos perdidos, buscando algún recurso en el que pudieran valorarla y acoger nuestros miedos e incertidumbres, a la espera de ser atendidos en atención temprana.

Un atisbo de luz…


Cuando conocí al equipo de “la mirada de LLuna”  lo primero que me llamó la atención fue la forma que tenían de “mirar” a nuestra hija. Ellas la miraban más allá de su diagnóstico. Conocían sus limitaciones, pero trabajaban pensando en sus posibilidades.

Es entonces cuando empezamos a comprender y a conectar verdaderamente con ella. Nos reforzaron todo aquello que estábamos haciendo bien, dándonos confianza y seguridad. También nos explicaron lo que nos quedaba por hacer y los aspectos que podíamos mejorar. Y sobre todo nos tendieron la mano para acompañarnos en este complicado camino que hemos comenzado a recorrer.

Ellas hacían fácil lo que para nosotros era difícil, interaccionar con la pequeña como un bebé más, diferente, pero un bebé más. Estábamos tan paralizados por su diagnóstico, que a veces se nos olvidaba.

Tenemos la absurda idea de que los hijos vienen al mundo para cumplir nuestras expectativas. Nosotros hemos aprendido que es todo lo contrario; somos nosotros como padres los que tenemos que ayudarles a cumplir las suyas. Al fin y al cabo ha sido nuestra hija la que nos ha elegido para acompañarla en este camino y nosotros vamos a dar lo mejor de nosotros para hacerla feliz.

Aprendices de padres